
El Chaltén, 2012.
Volvíamos al pueblo después de caminar. No era el lugar más hermoso del viaje, ni el momento más fotogénico. Un recodo del sendero, cualquiera, justo antes de llegar al pueblo.
Nos detuvimos a meditar. Respirar, escuchar los sonidos de la montaña, no hacer nada más que estar ahí.
No sabía que ese instante se me iba a quedar grabado para siempre. Hoy, cada vez que medito, se abre un portal y vuelvo a ese costado de sendero. A esa respiración. A esa montaña.